miércoles, 26 de diciembre de 2012

LO MEJOR DEL AÑO EN TENIS: Fred Perry ya tiene relevo


El lunes 10 de septiembre de 2012 un escocés de 25 años y con fama de perdedor en las grandes citas logró vencer en el US Open y acabó con más de 70 años de sequía del tenis británico en los Grand Slam. Nunca en la era Open un jugador nacido en Gran Bretaña había conquistado un GS y había que remontarse hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1936, para ver al último ganador británico de un torneo de los denominados “grandes”. Desde que Fred Perry venciera en la hierba de Wimbledon y en el torneo americano, ningún británico había conseguido coronarse otra vez en ninguno de los cuatro majors del tenis.

Quizá haya sonado redundante este primer párrafo, y posiblemente tengan razón, pero que le pregunten a Andy Murray la presión que ha tenido que soportar desde que es profesional hasta que ha logrado conseguir el primer grande de su carrera. No importaba que hubiera ganado ocho Masters 1000 o que hubiera logrado colocarse número 2 del mundo el 17 de agosto de 2009. Ni tampoco que hubiera llegado hasta a cuatro finales de GS. Sin un grande no había gloria para Andy. No al menos a nivel global ni de la siempre exigente prensa inglesa.



El día que Murray haga balance de su carrera, uno de los grandes puntos de inflexión estará en el verano del año 2012. Y cuando afine más la memoria, sus recuerdos le llevarán a todo lo que sintió en las pistas del All England Club Tennis de Londres. Será el victorioso prólogo de su primer grande. Ya que en el verano pasado el tenis brindó dos espectaculares torneos en apenas un mes y medio sobre la hierba londinense. Allí se iba a disputar Wimbledon (como cada año), pero este año era año olímpico y los Juegos se celebrarían en la capital inglesa.
Foto: elpais.com
 

Así, Andy llegó a Wimbledon en lo que se puede denominar un mal año. En este 2012 sólo un título (Brisbane) y una final de un Master 1000 (Miami) alumbraban el palmarés de Murray hasta el día del inicio del Gran Slam por antonomasia. En las pistas de Wimbledon, Murray había forjado parte de su leyenda de jugador que se amedrentaba en las citas claves. Roddick en el 2009 y Nadal en 2010 y 2011 habían frenado al escocés a las puertas de la final. Pero este año fue diferente. Murray fue ganando partidos hasta llegar a semifinales y esta vez no hubo derrota. El escocés ganó a Tsonga en cuatro mangas y se plantó por vez primera en una final de Wimbledon. Allí esperaba el seis veces campeón del torneo Roger Federer. Murray perdió (cuando Federer quiere hacer historia nadie lo detiene) pero se consideró una derrota hasta cierto punto lógica ante el que es, sin duda, el mejor tenista de la historia.

Las dos glorias

Esas dos semanas en Wimbledon elevaron la moral de Andy y el de Dunblane llegó a los juegos de Londres entre los favoritos a la victoria. Los Juegos eran en casa y Murray tenía una oportunidad histórica de ganar el oro olímpico. Tras pasar rondas con cierta facilidad Murray llegó a semifinales. Otra vez él, la central del All England Club y unas semifinales. Y enfrente Novak Djokovic. Casi nada. El serbio había quedado apeado de la final de Pekín en un partido épico ante Nadal y no quería dejar escapar esta oportunidad de jugar una final olímpica. Pero Murray ya había aprendido, sabía lo que era competir y ganar en esas circunstancias y no le dio opción a Nole. Murray en la final y ante él, quién si no, Roger Federer. El hombre que apenas hacía un mes le había arrebatado la gloria en esa misma pista estaba en el otro lado de la red. Pero esta vez nada paró a Murray. Ni siquiera hubo épica porque, realmente, la final fue un paseo ante un Roger Federer que no se presentó a jugar aquella tarde a Londres. Ni dos horas de partido (6-2 6-1 y 6-4) y Murray era oro olímpico. Tenía su primera gran victoria; una victoria eterna; un lugar entre los grandes del olimpismo; Andy Murray saboreó la gloria. Pero ¿era suficiente?

En tenis, me temó, con eso no es suficiente. En el tenis ganar el oro olímpico es un gran éxito pero lo que te consagra es ganar un grande. Federer, milagro mediante en Río, se retirará sin el oro olímpico individual y aún así nadie dudará que es el más grande. Por esto, Andy Murray sabía que en el US Open que dio comienzo el 27 de agosto estaba ante una de las grandes oportunidades de su vida.
Foto:  http://tenisranking.com/tag/juegos-olimpicos/
 
Con el impulso que le dio su oro olímpico y torneos como el de Shanghai donde tuvo hasta cinco bolas de torneo ante Djokovic, Murray llegaba preparado para su cita con la historia. Ni Dogic, ni Feliciano, ni siquiera Berdych en semifinales fueron demasiado problema para un Andy al que el juego en pista dura le va como anillo al dedo (18 de sus 24 títulos profesionales han sido en esta superficie). El escocés  demostró un gran nivel de juego durante las dos semanas en Estados Unidos y no sufrió en exceso para llegar a la final en Flashing Meadows. En la otra parte de la pista estaría uno de los dos hombres que le habían hecho morder el polvo en una final de GS. Y es que hacía un año, en Australia, Djokovic había barrido del mapa a Murray en la final de Melbourne.

Murray lo sabía y empezó aquel día totalmente metido en el partido. Sabía de la importancia de jugar al 100% desde el inicio ante un talento como Djokovic. De esta manera, tras dos horas de partido, Murray dominaba 7-6 7-5 y parecía tener medio partido resuelto. Pero tuvo que sufrir aún más. Como si fuera una metáfora de todo lo que ha tenido que sudar hasta conseguir alzar su primer GS, Murray perdió los dos siguientes sets (2-6 y 3-6) ante un Djokovic que le hizo la vida imposible en ese rato con un tenis a la altura del número 1 que es el serbio. Todas las sombras habidas y por haber planearon en ese momento, seguro, por la mente de Murray. La historia, la prensa, sus cuatro finales perdidas e incluso la reciente final de Shanghai debían atizar a Andy en ese momento. Pero Murray se logró imponer a todo y cerró a lo grande el partido. En 51 minutos le colocó a Djokovic un 6-2 que le abrió de par en par las puertas del cielo tenístico.

Por eso, en este 2012, lo mejor del tenis es Andy Murray que ya es, por pleno derecho, el sucesor de Fred Perry y ya tiene inscrito su nombre con letras imborrables en la historia de este deporte.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario