lunes, 24 de diciembre de 2012

LO MEJOR DEL AÑO EN BALONCESTO: El oro blanco (II parte)


Todo aquel que vio el 12 de agosto del año 2008 la final de los Juegos Olímpicos de Pekín pensó que vio algo absolutamente maravilloso e irrepetible. Dos equipos colosales enfrentados durante 40 minutos por la gloria. FIBA contra NBA, algo así como una guerra (baloncestística) de mundos, estilos y filosofía de juego. Aquella mañana, en España, durante dos horas se soñó con lograr el oro frente al equipo que se autodenominó Reedem Team. Un equipo en el que estaban Kobe, LeBron, Carmelo, Wade, Paul o Dwight Howard y que tenía la misión (obligada) de lograr recuperar el oro olímpico tras caer en Atenas 2004 en semifinales y lograr un bronce amargo y decepcionante. A ese equipazo, casi los mejores 12 hombres de la NBA, España la hizo sudar sangre para ganar el oro. Pero ganaron.


En la olimpiada de Londres, a España le dio tiempo a ganar dos veces el Eurobasket y cerrar así una década histórica en la que la selección española ha sido dos veces campeona de Europa, una del mundo y además ha sumado otras dos platas y un bronce europeo. Mientras, en los cuatro años que pasaron de Pekín a Londres, las megaestrellas de la NBA seguían con sus particulares objetivos dentro de la liga de Estados Unidos. Kobe ganó dos anillos (con Pau Gasol de escudero). LeBron cambió Cleveland por Miami, donde se juntó con Wade y Bosh y logró su ansiado título de campeón de la NBA. Y en estos cuatro años también vimos nacer deportivamente a un animal anotador que ha dominado ese apartado del juego en la NBA los últimos tres años: Kevin Durant.
Así, en el verano del 2012, todo estaba preparado para una revancha. España con un equipo a medias entre la vieja guardia y la renovación generacional y Estados Unidos mejorando su ‘Reedem Team’ para formar uno comparable con aquel conjunto de equipos animados que ganó el oro en Barcelona’92. Los doce hombres que USA llevó a Londres fueron: Deron Williams, Russell Westbrook, Chris Paul, Kobe Bryant, James Harden, Carmelo Anthony, LeBron James, Andre Iguodala, Kevin Durant, Tyson Chandler, Anthony Davis y Kevin Love. Una auténtica máquina de jugar al baloncesto, de anotar y de destrozar rivales. Antes de la final, estos “angelitos” dejaron para el recuerdo una exhibición histórica ante Nigeria. Ante los africanos, Estados Unidos superó el record anotador en unos Juegos Olímpicos (156), e igualó el de triples, con 29. Hasta llegar a la final, esta generación se ganó el derecho a que se les comparase con la de Barcelona encadenando exhibición tras exibición.
 
foto: lavanguardia.es
 
 
España, por su lado, sembró muchas dudas en el camino a aquel partido. Después de ganar sin brillo los tres primeros partidos llegó la derrota ante Rusia en el cuarto y la gran polémica del campeonato. España jugaba ante Brasil en el último encuentro de la primera fase. De ganar, los de Scariolo serían segundos y se cruzarían con Estados Unidos en semifinales. Si se perdía, España pasaría tercera y se evitaría a los americanos hasta la final. Pues bien, se perdió aquel encuentro y España pasó tercera. En los días posteriores hubo debates éticos por doquier. Lo cierto es que España había evitado al coco hasta la final A partir de ahí España sacó su gen competitivo, ése que le ha llevado a ganar medallas durante una década entera y se deshizo de Francia y Rusia sudando tinta en ambos partidos. Pero se llegó a la final olímpica, la segunda seguida y la tercera de nuestra historia.
Lo que pasó en el North Greenwich Arena el 8 de agosto de este casi acabado 2012 ya es parte de la historia del baloncesto. España llevó a Estados Unidos a jugar con cuatro de sus cinco titulares durante casi todo el encuentro (27 minutos el que menos y 38 Kevin Durant) y le hizo agonizar hasta prácticamente el final del partido. Pocos, o muy pocos, pensaban (pensábamos) que se daría un partido ni parecido al de Pekín. No por desconfianza en el juego de España si no porque delante había una constelación de estrellas mejor aún que las del 2008. Los que estaban ya estaban en Pekín eran mejores en Londres y encima se añadieron talentos de la magnitud de Durant, Westbrook y Harden. Pero “La generación de oro” sabía que estaba ante su última oportunidad de brillar en unos Juegos y quién sabe si en una gran final. Y no defraudaron a nadie en una final que será recordada para siempre.

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