domingo, 16 de diciembre de 2012

El Real Madrid de Laso


Allá por 1992, Bozidar Maljkovic le daba al Limoges francés su primera Euroliga. Fue un año diferente ya que tras el dominio de la mítica Jugoplástica (que entrenaba también Boza), el conjunto francés venció esa final con un baloncesto basado en el control y la defensa. El resultado de aquella final fue un pírrico 59-55 ante la Benneton de Treviso de Toni Kukoc (a la postre MVP). Pero lo cierto es que esa manera de ganar creó escuela en el baloncesto Europeo y desde entonces, salvo contadas excepciones en Europa se juega y se gana con un baloncesto similar al propuesto por Maljkovic.


En España, el ejemplo perfecto es el Barça de Xavi Pascual. Desde que el de Gavà llegó al conjunto Blaugrana, el Barça no ha dejado de ganar y, lo ha hecho con un estilo baloncestístico basado en recibir una canasta menos que el rival. Luego, por la nómina de estrellas que atesora el Barça, el espectáculo no ha faltado en el Palau desde el año 2008. Ni siquiera es un estilo criticable, ya que es una manera totalmente lícita de ganar, pero siempre se ha acusado a Pascual de que el juego de su Barça no es especialmente bonito.

Porque desde esos inicios de los 90, se ha pasado a pensar que es incompatible jugar alegre al baloncesto con vencer. No digo jugar bien, porque basta repasar nóminas de campeones de Europa para ver que todos y cada uno de ellos jugaban bien al baloncesto. Hablo de jugar alegre, divertido, bonito, de jugar de una manera que el espectador disfrute y tenga ganas de ir al pabellón a ver a su equipo. Hablo, en definitiva, de cómo juega al baloncesto el Real Madrid de Pablo Laso.

Desde que el año pasado llegara el vitoriano al Real Madrid no han parado de surgir suspicacias acerca de lo que iba a suponer para la sección blanca. Laso ya había sentado bases de cómo quería que jugaran sus equipos en el Lagun Aro y no se sabía cómo le iría con su estilo en un grande. A la primera, el Madrid pinchó en hueso, ya que perdió la Supercopa ante el Barça. Cierto que fue un partido que se le escapó al Madrid debido a un colapso brutal en el último cuarto, típico de equipo que se está conociendo, y que un Barça acostumbrado a ganar no perdonó. Pero el (primer) gran éxito de ese estilo fue en la Copa donde, ahí sí, con un repaso histórico a los blaugranas en el Sant Jordi, el Madrid logró la Copa casi dos décadas después.
 

Tras la Copa llegaron las dudas y las críticas. Un horrible top-16, con dos partidos nefastos ante Montepaschi y ante Bilbao en Miribilla, dejaron a los blancos fuera de los cuartos de la Euroliga y las críticas comenzaron a emerger. Hubo palos al equipo, a jugadores, pero sobre todo a Pablo Laso, al que empezaron a achacar que su estilo de juego era bonito pero no era eficaz. No al menos para los títulos grandes. Podía valer para una competición de un fin de semana como la Copa, pero para torneos importantes no.

Y en esas llegó junio, y el Madrid se coló en la final de la Liga ACB cinco años después de lograr ganar la liga de la mano de Joan Plaza. A la primera, Laso logró lo que otros como Messina no hicieron. Lo que sucedió en esos cinco partidos es de sobra sabido. El milagroso triple de Huertas en el primer partido dio paso a dos victorias blancas que dejaban el título liguero a un solo partido. Pero ese día se demostró que el bloque del Madrid aún tiene que aprender y no supo lidiar con la presión y el Barça no desaprovecharía días después el factor cancha y logró la Liga. Cualquiera que haya visto esa serie vio que el Madrid fue mejor y mereció ganar. Que el Madrid no ganara esa liga se puede achacar casi por completo a la inexperiencia. Pero Laso demostró que con un baloncesto alegre, de correr la cancha en cuanto se tuviera oportunidad, de buscar anotar un punto más que el rival, se puede ganar.

Este año, con la incorporación al bloque de Rudy Fernández y la eclosión definitiva de Nikola Mirotic el Madrid tiene la oportunidad de demostrar que a su manera también se ganan grandes torneos. De momento, los de Laso esta vez no perdonaron al Barça en la Supercopa y caminan invictos en Liga y han pasado primeros de grupo en Euroliga.  Y lo sigue haciendo a su manera, anotando más (1º en anotación en ACB y 2º en Euroliga). Este año ya además, con la profundidad de banquillo que tiene Laso se permite el lujo de que sus cracks no jueguen, por sistema, más de 25 minutos, con lo que encima de ganar y jugar bonito no deberían llegar excesivamente cansados al final de temporada.

Quizá este año el Madrid no gane ni liga ni Euroliga, pero en las dos andará igual o más cerca de lograr el título que el año pasado. Se me hace complicado que el Madrid no juegue en el O2 de Londres el primer fin de semana de mayo. Y, personalmente, me alegraría de una victoria blanca porque así se podría demostrar al mundo que ganar de otra manera es posible en el baloncesto.

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