miércoles, 6 de abril de 2011

Las empresas pagan lo que valemos

Estas son fechas en las que los jóvenes que se encuentran en el final de sus carreras empiezan a buscar trabajo como “becarios” para los meses de verano. Para ello, en muchas ocasiones, estos jóvenes se inscriben en el Centro de Orientación e Información de Empleo (COIE), donde hay una serie de empresas que demandan los servicios de este tipo de trabajadores, bajo convenio con las universidades.

Pero no son muchas las que confían en este sistema y las que lo hacen suelen responder a un perfil de pequeña o mediana empresa. Los sueldos son los que son. Entre 100 y 400 euros por una jornada media de unas cinco horas al día, cinco días a la semana. Estos datos llevan a plantear una pregunta ¿Las empresas confían en los estudiantes que acaban de salir de la universidad?

La respuesta es sencilla: no. Para los que se quejan de los sueldos y de la explotación a los becarios, deberían pensar más en cómo se está formando a esos hombres y mujeres que quieren salir al mercado laboral. En la carrera de periodismo de poco, o nada, sirven la mayoría de las asignaturas cursadas. Bueno, sirven para tener principios y fundamentos de todo pero no te preparan para la vida real.

Y esto lo saben los que mandan en las empresas. Y saben que van a tener que hacer en seis meses lo que la universidad no ha hecho en cinco años. El día que se salga más formado de la universidad los sueldos de becarios aumentarán y las empresas con más renombre también tirarán de estos recién licenciados (ahora graduados). Mientras tanto, tocará cargar con lo que nos den porque hay que aprender la profesión. Y dar gracias. 

lunes, 4 de abril de 2011

Elogio a Fabian Cancellara

Tras un día tan deportivo como el de ayer podría hablar de casi cualquier cosa (Lorenzo, Nadal, ACB, NBA y por supuesto de fútbol), pero de todas las horas que eché viendo deporte ayer me voy a quedar con la horita que pasé viendo el Tour de Flandes. Flandes, la primera de las grandes clásicas de primavera y uno de los cinco monumentos del ciclismo (junto a Lieja, Roubaix, Lombardía y Milan-San Remo). Esas carreras interminables de pavés, agonía y gloria. Esas carreras de más de seis horas encima de una bicicleta y donde nada se puede dar por seguro hasta el final. Y no lo voy a negar, todo esto no deja de ser una excusa para hablar de Fabian Cancellara. Después de que ayer me saliera del alma decirle a mi padre “este tío es uno de los deportistas a los que más admiro”, pensé que quería escribir algo así. De ahí que el título tampoco sea muy logrado que digamos.

Y eso que el suizo no ganó ayer en Flandes. La gloria se la llevó Nick Huyens. A sus 31 años, el corredor belga ganó en casa, ante la algarabía de una afición entregada a los corredores (no solo a los suyos, a todos). En un sprint cargado de agonía y escasez de fuerzas, el corredor del Saxo Bank de Contador se impuso a Chavanel y Cancellara y encontró su día de gloria.

La penúltima exhibición en el pavés

Pero si la gloria final se la llevó Huyens, el que ayer agrandó su leyenda (un poco más) fue Cancellara. Porque lo vivido los 40 kilómetros finales ayer en Flandes fue una exhibición en toda regla. No como la que el corredor del Team Leopard diera el año pasado tanto en Flandes como en Roubaix, donde Cancellara llegó solo, en dos auténticas demostraciones de fuerza que llegaron a hacer plantearse a la UCI la existencia de mecanismos mecánicos de ayuda en la bicicleta del de Berna. El doping mecánico de este hombre son dos piernas sobrenaturales y una capacidad para rodar en solitario solo al alcance de los más grandes.



Ayer “Espartaco” no hizo eso. Ayer el suizo enamoró (aún más) a sus admiradores a base de amor propio, amor por el ciclismo y amor por estas grandísimas clásicas. Aprovechando un demarraje de Boonen a falta de 40 km, Cancellara vio su oportunidad. Arrancó como lo hiciera el año pasado, con un cambio de ritmo brutal, a la caza de Chavanel (que iba escapado), al que no tardó demasiado en alcanzar. Tras “cazar” al francés, Cancellara inició su particular crono contra siete hombres, ¡siete!, del conjunto BMC que tiraban del grupo perseguidor. Pero aún así la dupla (ni un relevo de Sylvain) llegó con ventaja al punto clave de la carrera: el muro de Kapelmuur. Contra natura, siete hombres no habían podido con uno solo (bienvenidos al mundo de Cancellara). Allí se esperaba el tirón final del suizo pero sus fuerzas dijeron basta. Y donde otros se hubieran dejado llevar (qué necesidad de sufrir, si le había entrado una pájara colosal y él ya no tiene que demostrar nada a nadie), Fabian comandó el grupo (donde había gente como Gilbert, Boonen o Ballan) durante todo el muro hasta coronarlo en cabeza.

Y ahí no acabó la cosa. Tras 10 km de batalla, a falta de dos, Cancellara volvió a sacar fuerzas de flaqueza (solo él sabe de dónde) y en un acelerón bestial se llevó consigo a Huyens y Chavanel (chapeau para el francés ayer también) camino de la meta de Flandes, dejando de paso atrás al gran derrotado del día: el belga Tom Boonen. Llegó incluso a lanzar el sprint final, pero ahí Huyens se aprovechó de todo el esfuerzo de Fabian para hacerse con la victoria. Nada que objetar a Huyens, esto es ciclismo.

Cancellara, ¿hombre tour?

A los que nos gusta el Ciclismo más allá del Tour de Francia, nos preguntamos (o yo me pregunto) dónde llegaría este hombre si se planteara ganar una grande (vamos, el Tour). En Francia, Cancellara ha ganado cronos, ha ganado en línea, ha destrozado etapas (como el año pasado en el pavés), ha hecho verdaderas barbaridades para romper grupos en grandes ascensiones e incluso ha vestido de amarillo. Pero nunca le hemos visto luchando por la carrera. Preparando la carrera con mimo (sacrificando probablemente el tramo de competición de las clásicas) Cancellara podría optar (quizá no ganar, pero si optar), a llevarse la Grand Bucle. A base de sacar tiempo en las cronos y saber defenderlo en las montañas (un poco al estilo Jan Ulrrich). Eso sí, necesitaría un trazado adecuado, con muchos más kilómetros contra el crono de los que estamos viendo en las últimas ediciones. Falta saber si tiene la capacidad mental para sufrir en los Alpes y los Pirineos y soportar la presión emocional que supone una carrera de tres semanas (que yo creo que no está por la labor).


De momento parece que Cancellara es feliz ayudando a los Schleck (grandes amigos suyos más allá de la competición, con los que se va incluso de pesca) en las carreteras francesas mientras él se hincha a ganar el resto del año. Ya sean clásicas (dos Roubaix, un Tour de Flandes y una Milán San Remo le contemplan), etapas en grandes, carreras de una semana o campeonatos contra el crono (cinco mundiales, seis suizos y oro en Pekín ha conseguido el angelito), lo de alzar los brazos en señal de victoria es una práctica habitual en el suizo.  

Propuesta esta posibilidad, la verdad es que tener a Cancellara presente durante todo el año posiblemente de más satisfacción que verle simplemente centrado en el Tour. Este tipo de planteamiento da al aficionado al ciclismo la posibilidad de verle sobresalir en Bélgica en primavera; verle ganar (con casi total seguridad) alguna crono en el Tour; verle asfixiar a grandes favoritos en las carreteras galas y, llegado el mes de septiembre, verle pasearse por la carretera de turno para conseguir otro entorchado mundial contrarreloj. Porque este tío pasará a la historia de este deporte sin ganar ninguna grande, y eso es algo de lo que muy pocos pueden presumir. Al fin y al cabo el ciclismo es mucho más (aunque en España no lo sepamos) que las tres semanas de julio en las que se concentran las audiencias televisivas. 

domingo, 3 de abril de 2011

La información hay que pagarla

Con la noticia de que el New York Times será de pago en Internet, vuelve a colación el debate sobre si se debe pagar por leer las noticias en la red. El periódico más famoso el mundo se con su sistema de pago on-line a otros como The Guardian o The Sun en Inglaterra, o El Mundo y MARCA en nuestro país.

Lo cierto es que los responsables de los periódicos empiezan a pensar maneras de que sus diarios empiecen a ser rentables ante el crecimiento de la prensa en Internet. En España, sobre el 80% de la gente que lee, lo hace a través de la red. A la larga esto debe suponer que el papel desaparezca, por mucho que pese a los más románticos. Más cuando con las tabletas, puedes leer en cualquier lugar y en cualquier momento.

Hablemos de dinero. En España, la suscripción a Orbyt (la plataforma de pago de El Mundo y MARCA) es de 15 euros al mes (180 euros al año). La mitad de lo que pagas por la edición en papel. Lógicamente, producir on-line es más barato. Te ahorras todos los gastos relativos a la maquetación y la imprenta del diario. Que con la situación española, reducir costes tampoco está nada mal.

Por lo que, teniendo en cuenta que más tarde o más temprano la edición en papel tenderá a desaparecer, es evidente que los grupos editoriales no van a regalar el trabajo de sus periodistas. Las ventajas son evidentes: mayor actualización, enlaces a redes sociales, videos y audios, sin límite de extensión en la redacción, incluso hasta más acceso para anunciantes (que también son importantes). Es lógico pensar que esta calidad hay que pagarla, y encima a un menor precio que con el sistema convencional.