miércoles, 9 de marzo de 2011

La vida sin Messina

La pasada semana se conoció la dimisión de Ettore Messina como entrenador del Real Madrid. Después de un año y medio al frente del conjunto blanco, el técnico transalpino dejó su cargo. Y lo hizo en un momento en el que su decisión causó más sorpresa que otra cosa. El Madrid ya tenía una seña de identidad: partidos a pocos puntos con una defensa muy sólida y sin fisuras en momentos clave. Solo le faltaba un killer (como tenía a Ginobili en Bolonia, Siskauskas en Moscú, Nicola en Treviso…). Pero la base ya la había forjado. Después de aguantar un año y medio de críticas, el italiano veía como su trabajo daba frutos. Pero lo ha dejado sin lograr el gran objetivo para el que se le contrató: devolver al Real Madrid el cetro europeo.


Pero el cuatro veces vencedor de la Euroliga ha saltado del barco en el mejor momento de los blancos en mucho tiempo. Y es que Messina ha dejado al Madrid segundo en liga, en cuartos de final de Euroliga (con amplias posibilidades de estar en la primera Final Four desde hace más de 15 años) y, lo más importante, el Madrid ya sabía competirle al Barça. Que no es mala cosa, ya que las palizas azulgranas de los últimos años empezaban a escocer mucho. Messina había encontrado la manera, la vía de ganar a los de Pascual. Frenando el eléctrico contragolpe de los blaugranas. Proponiéndoles partidos a pocos puntos, posesiones eternas, castigando su defensa interior. Así, el conjunto blanco ganó el año pasado en Euroliga (eso sí, solo un partido) y estuvo cerca de hacerlo en la final de Copa de este año.

“Respeto”

Un entrenador que ha ganado absolutamente todo lo ganable. Ocho ligas, nueve copas y cuatro Euroligas entre Italia y Rusia. En Bolonia, en Treviso y en Moscú. Un entrenador que ha llevado a su selección, a la que dirigió cuatro años, a una plata en el Eurobasket del año 1997. En definitiva, Messina no tiene que demostrarle nada a nadie. Y esa es una de las razones por las que se va. El ya tiene el respeto de todo el panorama europeo. Y eso es lo que quiso dejar claro el día de su despedida. "He dejado un trabajo, un año y medio de contrato y la posibilidad de jugar una nueva 'Final Four' de Euroliga, la décima. Lo único que puede venir de todo esto, espero, que sea respeto. No estoy por encima de nada. Dejarlo no es normal, pero no soy un héroe. He hecho un gesto del que me sentía obligado por el bien y el futuro del Real Madrid". Esas son las palabras (algunas de las muchas que ha pronunciado), de Ettore Messina. Queda bastante claro.



Dejando aparte los motivos que le han llevado a dejar la disciplina blanca, los que él ha dicho y los que se han dicho, (¿los jugadores le han hecho la cama?), lo que está claro es que Messina no ha sido feliz en Madrid. No ha estado bien con la prensa, a la que ha acusado de “falsos amigos” en referencia a algunos periodistas de la capital. Tampoco ha acabado contento con el hacer del club (cita como ejemplos de gestión Vitoria, con Querejeta, o Siena, con Minucci). Y ni siquiera es seguro que su relación con los pesos pesados de la plantilla (Reyes, Llull, Sergio Rodríguez, Garbajosa) haya sido la óptima. Sea como fuere para un entrenador tan acostumbrado a ganar, irse por la puerta de atrás del club más laureado de Europa no es buena señal. Será una muesca en el revólver de Messina.

Futuro muy incierto

¿Y ahora qué? De momento, y hasta final de temporada, se hará cargo del banquillo blanco Emanuelle Molin. Es decir, el segundo de Messina. Un Molin, cuyo estilo es “el mismo que el de Ettore”, con lo que parece que el proyecto, al menos hasta junio, seguirá su curso. La duda llegará en junio. Servidor apuntaba que este bloque con un tirador puro necesitaba muy pocos cambios más. Pero eso era en este bloque. En el que mandaba Messina. Veremos a ver qué pasa cuando un entrenador nuevo llegue a la casa blanca. Hay piezas que parecen intocables (Suárez, Mirotic, Llull, Prigioni, Tomic, Fischer, ¿Felipe?) por mucho que algunos de ellos hayan sembrado dudas. Pero otras muchas que lo parecían ahora pueden bailar. Es el caso de jugadores veteranos como Tucker. Otros muy irregulares como Sergio Rodríguez. Y otros de aportación nula como Begic, Velickovic y Vidal. Jugadores (sobre todo Sergio y Tucker), que a Messina le valían, en los que tenía Fe ciega, pero que a un entrenador nuevo podrían no valerle. Será cuando la máxima de “cada maestrillo tiene su librillo” cobre su máximo valor. El Madrid lleva dos años intentando pescar peces gordos en el mercado y viendo como esos se iban a otros equipos (Ricky Rubio) o como no se atrevían a dar el paso (Siskauskas, Nocioni). Eso habrá que cambiarlo. Desde este blog ya pedía a gritos a Jaycee Carroll y ahora me atrevería a pedir también a Caner-Medley. Ese todoterreno que lleva dos años maravillando al vecino de Magariños. Pero eso será trabajo de verano.



El caso es que Messina se va sin ningún título, pero con una sensación de que el proyecto a largo plazo era muy viable. El balance, este año, es de 18-5 de liga y el 5-1 en el TOP-16 de Euroliga. Y además, el italiano había conseguido hacer de la Caja Mágica una fortaleza casi inexpugnable (la derrota contra Siena no debería contar, si bien es cierto que por Madrid no han pasado los grandes). Buenos números para un segundo año de un proyecto. Un proyecto que ahora ha cambiado de capitán en el momento clave (cuartos de Euroliga, Playoff, ¿Final Four?).

La conclusión es que por mucho que Messina crea que hace bien, sea Molin el que siga el año que viene o si llega un entrenador nuevo, el caso es que el Madrid sale perdiendo. Porque se volverá a empezar de cero cuando ya había muchos mimbres para volver a colocar a este equipo donde debe estar. Pero, si el nuevo mister acaba con este proyecto, nadie debe olvidar a Messina. Porque el italiano, por mucho que haya abandonado en un momento clave, es un entrenador como la copa de un pino que, con lo que tenía, sentó las bases de un futuro en un equipo que lleva años navegando a la deriva. 

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