domingo, 30 de enero de 2011

Los errores deben pagarse

Hace más de un año que a un hombre nacido en Parla (Madrid) le cambió la vida completamente. En noviembre de 2009, Diego Pastrana fue acusado de maltratar y provocar las heridas que llevaron a la muerte a una pequeña de tres años. Hecha la autopsia, Diego Pastrana resultó ser inocente. Pero en el tiempo que pasó hasta saberse los resultados de la autopsia el linchamiento popular no se hizo esperar.

A Pastrana le llamaron de todo, e incluso él mismo reconoció sufrir amenazas de muerte en más de una ocasión. Pero por desgracia éste no es un caso aislado. Dolores Vázquez sufrió algo similar en el tristemente célebre “Caso Wanninkhof”. La sociedad española está muy acostumbrada a ajusticiar libremente a las personas antes de ser juzgadas. Y lo más triste es que no solo sucede en los bares, también ocurre en los medios.

Es en los medios de comunicación, la brújula por la que se guía una gran mayoría de la población, donde no se pueden permitir tan graves acusaciones antes de que esos supuestos culpables lo sean para un juez. Porque al fin de al cabo, los programas siguen, pero esas palabras que pueden parecer las de un día más de televisión hay a personas a las que marcan para siempre. Y eso no se puede tolerar.

Porque un periodista debe informarse, contrastar y luego ya hablar. Si no se siguen esos pasos, el riesgo de equivocarse aumenta en gran medida. Y equivocarse cuando se habla de personas no es para tomárselo a la ligera. Por eso, igual que los asesinos que de verdad matan deben pagarlo, los periodistas que acusan sin fundamento y arruinan vidas de manera gratuita también deben hacerlo. Y no lo hacen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario