domingo, 30 de enero de 2011

Los errores deben pagarse

Hace más de un año que a un hombre nacido en Parla (Madrid) le cambió la vida completamente. En noviembre de 2009, Diego Pastrana fue acusado de maltratar y provocar las heridas que llevaron a la muerte a una pequeña de tres años. Hecha la autopsia, Diego Pastrana resultó ser inocente. Pero en el tiempo que pasó hasta saberse los resultados de la autopsia el linchamiento popular no se hizo esperar.

A Pastrana le llamaron de todo, e incluso él mismo reconoció sufrir amenazas de muerte en más de una ocasión. Pero por desgracia éste no es un caso aislado. Dolores Vázquez sufrió algo similar en el tristemente célebre “Caso Wanninkhof”. La sociedad española está muy acostumbrada a ajusticiar libremente a las personas antes de ser juzgadas. Y lo más triste es que no solo sucede en los bares, también ocurre en los medios.

Es en los medios de comunicación, la brújula por la que se guía una gran mayoría de la población, donde no se pueden permitir tan graves acusaciones antes de que esos supuestos culpables lo sean para un juez. Porque al fin de al cabo, los programas siguen, pero esas palabras que pueden parecer las de un día más de televisión hay a personas a las que marcan para siempre. Y eso no se puede tolerar.

Porque un periodista debe informarse, contrastar y luego ya hablar. Si no se siguen esos pasos, el riesgo de equivocarse aumenta en gran medida. Y equivocarse cuando se habla de personas no es para tomárselo a la ligera. Por eso, igual que los asesinos que de verdad matan deben pagarlo, los periodistas que acusan sin fundamento y arruinan vidas de manera gratuita también deben hacerlo. Y no lo hacen.

domingo, 23 de enero de 2011

El inicio del comienzo

¡Cuánto puede cambiar la vida en cuarenta años! Desde 1966 hasta el día de hoy muchas cosas han cambiado en el mundo. Han pasado cosas tan sobradamente trascendentales en nuestra historia como la muerte de Franco y la instauración de la democracia, o la caída del muro de Berlín. Y hasta la selección española de fútbol sabe lo que es ganar un mundial, lo que nadie se creía hace apenas un lustro.

Pero hay cosas que no cambian. Que fueron de una manera y siguen siendo iguales. Hablo de la relación España-Estados Unidos. Estos días se cumplen 41 años de uno de los sucesos más controvertidos en la historia de España. Dos bombarderos B-52 americanos chocaron y cuatro armas químicas cayeron sobre Palomares (Almería). Lejos de pedir explicaciones, aquí se entonó el “aquí no ha pasado nada”.

Se puede recordar a Fraga bañándose gustosamente en las playas almerienses y, aunque EE.UU retiraría sus armas nucleares del suelo español, los americanos seguían presentes en las bases españolas como fruto del pacto de 1953, renovado diez años más tarde. Es decir, concesiones totalmente controladas por el gobierno de los Estados Unidos (entonces en manos de Lyndon B. Johnson, sucesor del malogrado Kennedy).

Vamos que la vida no es tan distinta de cómo lo era hace 40 años. Antes de ayer era Palomares, ayer era Irak y hoy lo son las revelaciones de Wikileaks sobre como Estados Unidos intercede en como el asesinato de José Couso. Para nunca olvidar Palomares, hay que acabar con una frase de la que un día fue su alcaldesa, Antonia Flores: “Las muertes de los americanos se investigaban inmediatamente. Las nuestras, no.”

sábado, 15 de enero de 2011

CNN plus, una desaparición consentida


CNN plus dejó de emitir hace apenas dos semanas. ¿La razón? Puramente económica, sin duda. El consejero delegado de Telecinco, Paolo Vasile, busca el mayor beneficio para su empresa. Y ese beneficio espera sacarlo a través del canal Gran Hermano 24 horas, que sustituirá a la ya extinta cadena de noticias. Por ello, el cabreo de la gente se centra en su persona, pero él solo quiere el máximo beneficio. Algo muy lícito.

Así que, como se dice vulgarmente, habría que mirarse el ombligo para encontrar las causas de que la única cadena de 24 horas de noticias en nuestro país sea sacada de la parrilla televisiva. Una vez cerradas las emisiones de CNN plus, la calle y los profesionales claman en contra de esta decisión. Pero las audiencias no secundan esto. El noticiero registró en noviembre un 0,5% de share (quinta cadena menos vista de la TDT). GH, por su lado, un 20%. Una comparación sonrojante.

Entonces, visto esto, algo falla. Los que se quejan, ¿realmente seguían la programación de la cadena? O, por el contrario, piensan que debe haber un referente en información, pero en su tiempo libre prefieren (eso sí, en silencio) el edredoning, las nominaciones, y los peinados estrafalarios de Mercedes Milá a la hora que lo deseen.

En el país en el que todo el mundo se queja de todo, en el que nadie vale y en el que nadie hace nada bien, este suceso es solo uno más. Nadie prefiere ver el lío de medianoche de dos jóvenes cazafortunas antes que una entrevista con el vicepresidente primero del Gobierno. Pero nadie mueve un dedo para evitarlo. Ni siquiera para cambiar de canal en el mando. Un mando ya huérfano de noticias.